Sigue tocando, sigue creando, sigue, sigue... sigue jugando. Toma al mundo por tu orquesta, por tu sintetizador; sea tu espíritu batuta y el cielo la partitura. Oye esta música que es tuya, el legado que has sembrado, las raíces que alcanzan el centro de la tierra y las hojas que expanden el infinito, que llenan lo que llamamos vacío que está más allá del universo, que deja de ser vacío gracias a los alcances de tus notas. Compón desde el estudio en que te encuentres ahora, en donde seguramente estarán los equipos que nunca imaginaste y siempre deseaste, todo el tiempo que a veces (casi siempre) te era insuficiente, la acústica soñada, las posibilidades extremas, el público que quizá no era necesario para ti pero sí para los productores.Köln recibió tu último aliento como recibió el primero hace setenta y nueve años, pero la prensa miente, la prensa dice que has muerto... pobres, no se dan cuenta de que sigues entre nosotros, que no es necesario que tú estés aquí, en la tierra, para que hagas música, para que le des el carácter de música a lo que antes no lo era. Hiñes tus nebulosas de notas y sonidos en cualquier parte en que las vibraciones en el viento sean audibles, o aparezcan audibles para nosotros porque la música, tú lo sabes, no siempre se escucha; y también en esa música que no podemos percibir más que en forma de trémulas vibraciones, muy sutiles vibraciones, estás aún... o más bien, esencialmente en esa música estás.
Ahora podrás escandalizar tranquilamente con tus cintas magnéticas y las botellas que se rompen a mitad del entramado orquestal, con un cuarteto de cuerdas que requiere de cuatro helicópteros, con tu studio de música electroacústica; ahora podrás escandalizar con la ausencia de intención en tu música, con los viajes cíclicos de las percusiones, anillo de moebius sonoro, inaudible, aleatorio, configurado, postserialista, tuyo. Una vez más salte con la tuya, di una vez más y las que quieras que el atentado contra las torres gemelas de nueva york es la obra de arte más grandiosa en la historia de la humanidad... ya no habrá imbéciles que cancelen tus conciertos en tu ciudad natal porque te atreves, como pocos, como muy pocos verdaderamente, a decir lo que piensas y lo que sientes sin miramientos, con palabras o con música.
Súmmum de la música contemporánea, tu obra trasciende las partituras que firmaste y se filtra en la de tus coetáneos, la de tus discípulos, se filtra a través de la mente de los que te escuchan y salen de la sala de conciertos, o después de
escucharte en disco, sin tener una idea clara de lo que es música y de lo que deja de serlo; tu música se filtra en los que habrán de buscar el mismo camino que tú buscaste y que quizá dejaste apenas indicado, pero tendrá que ser alguien de tu envergadura quien dé, al menos, un paso más allá de los que tú diste hacia el futuro.¿Encontrarás ahora nuevos senderos, nuevas armonías o estridencias o disonancias o totalidades fragmentadas aún inalcanzables para nosotros? Nunca, tal vez, como tú, se elevará nadie a través de una espiral hacia la iluminación, en ese proceso de desocultar las obras de arte que están ya en la naturaleza, entre nosotros, sin que nos demos cuenta.
