diciembre 14, 2007

Pequeño réquiem por Karlheinz Stockhausen

Sigue tocando, sigue creando, sigue, sigue... sigue jugando. Toma al mundo por tu orquesta, por tu sintetizador; sea tu espíritu batuta y el cielo la partitura. Oye esta música que es tuya, el legado que has sembrado, las raíces que alcanzan el centro de la tierra y las hojas que expanden el infinito, que llenan lo que llamamos vacío que está más allá del universo, que deja de ser vacío gracias a los alcances de tus notas. Compón desde el estudio en que te encuentres ahora, en donde seguramente estarán los equipos que nunca imaginaste y siempre deseaste, todo el tiempo que a veces (casi siempre) te era insuficiente, la acústica soñada, las posibilidades extremas, el público que quizá no era necesario para ti pero sí para los productores.
Köln recibió tu último aliento como recibió el primero hace setenta y nueve años, pero la prensa miente, la prensa dice que has muerto... pobres, no se dan cuenta de que sigues entre nosotros, que no es necesario que tú estés aquí, en la tierra, para que hagas música, para que le des el carácter de música a lo que antes no lo era. Hiñes tus nebulosas de notas y sonidos en cualquier parte en que las vibraciones en el viento sean audibles, o aparezcan audibles para nosotros porque la música, tú lo sabes, no siempre se escucha; y también en esa música que no podemos percibir más que en forma de trémulas vibraciones, muy sutiles vibraciones, estás aún... o más bien, esencialmente en esa música estás.
Ahora podrás escandalizar tranquilamente con tus cintas magnéticas y las botellas que se rompen a mitad del entramado orquestal, con un cuarteto de cuerdas que requiere de cuatro helicópteros, con tu studio de música electroacústica; ahora podrás escandalizar con la ausencia de intención en tu música, con los viajes cíclicos de las percusiones, anillo de moebius sonoro, inaudible, aleatorio, configurado, postserialista, tuyo. Una vez más salte con la tuya, di una vez más y las que quieras que el atentado contra las torres gemelas de nueva york es la obra de arte más grandiosa en la historia de la humanidad... ya no habrá imbéciles que cancelen tus conciertos en tu ciudad natal porque te atreves, como pocos, como muy pocos verdaderamente, a decir lo que piensas y lo que sientes sin miramientos, con palabras o con música.
Súmmum de la música contemporánea, tu obra trasciende las partituras que firmaste y se filtra en la de tus coetáneos, la de tus discípulos, se filtra a través de la mente de los que te escuchan y salen de la sala de conciertos, o después de escucharte en disco, sin tener una idea clara de lo que es música y de lo que deja de serlo; tu música se filtra en los que habrán de buscar el mismo camino que tú buscaste y que quizá dejaste apenas indicado, pero tendrá que ser alguien de tu envergadura quien dé, al menos, un paso más allá de los que tú diste hacia el futuro.
¿Encontrarás ahora nuevos senderos, nuevas armonías o estridencias o disonancias o totalidades fragmentadas aún inalcanzables para nosotros? Nunca, tal vez, como tú, se elevará nadie a través de una espiral hacia la iluminación, en ese proceso de desocultar las obras de arte que están ya en la naturaleza, entre nosotros, sin que nos demos cuenta.

diciembre 06, 2007

Buxtehude

Un joven músico nativo de Eisenach, que algún día sería conocido como el cantor de Leipzig, viajó, a principios del siglo XVIII, desde Arnstadt hasta el puerto de Lübeck, al norte de Alemania, para escuchar al que era el mejor organista de la época. Éste era de origen danés, y cada domingo previo a la Navidad celebraba una serie de veladas musicales vespertinas, conocidas como Abendmusik, en donde, según las crónicas, brilló de manera extraordinaria aquel fenómeno de los teclados cada diciembre durante tres décadas. El joven de Eisenach se vería tremendamente influido por la música de este organista y compositor, que habría de morir dos años después de dicha visita. Esto es, en 1707. Hace 300 años.
Este año, en México, a decir de otro organista y compositor, José Suárez (que hace un par de semanas se jubiló del Conservatorio Nacional de Música), apenas se le ha hecho caso a este danés que se instaló en Lübeck, a pesar de que, aseguró, en nuestro país ha ido aumentando el interés por la música barroca entre músicos, público y constructores de instrumentos. Y de sus manos, jugueteando sobre las teclas de un clavecín, fue posible escuchar cómo brotaba un Preludio y fuga de Dietrich Buxtehude. Y la deuda de Johann Sebastian Bach con él resultó clara.
Aún al lado de gigantes de la música barroca como Telemann, Händel, Vivaldi, Lully, Rameau, Couperin, Purcell, Corelli o Scarlatti, cuya música es relativamente fácil de conseguir en disco y a nivel mundial frecuentemente interpretada en concierto, Johann Sebastian Bach sigue siendo hoy considerado como el titán del periodo. Un titán que cimentó su obra en las sólidas bases de Dietrich Buxtehude, que, junto con Heinrich Schütz, es el antecesor de la música barroca alemana, que habría de engendrar piezas que aún hoy son favoritas del gran público y quizá de todos los músicos que se han acercado a la música de fines del siglo XVII y la primera mitad del XVIII: El Mesías, la Música acuática y la Música para los fuegos artificiales de Händel, los Conciertos de Brandenburgo, la Toccata y fuga en Re menor, las Suites para violonchelo o El clave bien temperado y las cantatas del propio Bach, la Música para banquetes y la Suite-obertura para flauta, cuerdas y continuo en La menor de Telemann, el célebre Canon de Johann Pachelbel (que ha opacado al resto de la producción del compositor). Y esa música habría de nutrir los jóvenes oídos de Haydn, Mozart y Beethoven.
Es ése, tal vez, el destino de los pioneros, como Buxtehude. Que sólo los reconozcan en sus dimensiones reales quienes siguieron sus pasos y continuaron haciendo camino a partir de la última huella. O quienes fueron detrás de sus huellas para descubrir qué es lo que los había llevado a seguir el camino que siguieron. A labrar el camino que labraron. ¿Qué música está asomada en la música de Buxtehude? La de Bach. ¿Y en la de Bach? La de Beethoven. ¿Y en la de Beethoven? La de Wagner. ¿Y en la de Wagner? La de Schönberg (austriaco, pero enquistado en la tradición germánica). ¿Y en la de Schönberg? La de Stockhausen. ¿Y en la de Stockhausen?
Tal vez incluso en Buxtehude se asomaba ya Stockhausen. Tal vez, en el fondo, en ellos, y en los que pasaron entre ellos, nació la misma inquietud, que cada quien configuró en música de acuerdo con su tiempo. O para ponerlo en palabras de Matsuo Basho: “Yo no sigo el camino de los antiguos. Busco el que ellos buscaron.”


¡Queremos rock!
El Ciclo de Recitales y Conferencias “Compositores e Intérpretes Mexicanos”, que se lleva a cabo en el Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, en Real del Monte, dentro del cual se presentó José Suárez, se cerrará mañana a las 17:00 horas con el grupo de rock progresivo Gallina Negra. La entrada es libre.



* Agradezco a quien hizo la observación de que la foto que se había puesto no era la de Buxtehude. Lamentablemente, no pude acceder a su blog. Ojalá, si visita nuevamente este espacio, pudiera dejar su dirección.
**Ahora sí está la imagen de D. Buxtehude.