junio 22, 2011

Una cena con el candidato

Iba el señor muy inocentemente al Consejo de Cultura a entregar unos materiales de lectura que le habían sido solicitados para la impartición de un par de cursos introductorios a la literatura mexicana, cuando lo aborda un individuo dirigiéndole las siguientes palabra.
—Qué bueno que te veo, porque quiero hacerte una invitación. ¿Tú eres apolítico?
El señor contestó con diplomacia.
—Ah, bueno. Muy bien. Siendo así, me permito extenderte una invitación a una cena que se ofrecerá el próximo día tal. Es una cena con el Candidato del Partido, y nos gustaría mucho contar con tu presencia. Ojalá puedas asistir. Te anoto dos lugares, por aquello del pipi —y al decir esto, reunió en un solo punto los dedos de una mano e hizo el ademán de llevársela repetidamente a la boca—, ya sabes.
Emborucado como estaba, el señor se trató de convencer de la gran oportunidad que representaba compartir un platillo con el Candidato del Partido, y el honor que debía ser el haber sido seleccionado entre quién sabe cuántos personajes que ansiaban como ninguna otra cosa poder estrechar la mano del ungido. Bajo terapia, el señor procedió a buscar acompañante, y expuso sus perversas intenciones a no pocas de sus amigas, quienes cortésmente declinaron la invitación con respuestas como:
—Prefiero perder el tiempo contigo en el cine.
—¡Ay, ¿qué crees?! Es que mi jefa me acaba de encargar un reporte extensísimo para mañana, y si voy a la cena, no termino.
—Híjole, pues iría con todo gusto, pero justo hoy tengo una entrevista de trabajo en México.
—Quién sabe si pueda porque tengo que ir al médico, pero yo te aviso.
Y cosas por el estilo. El señor entonces pensó seriamente en llamar a una cervecería y solicitar a una de las muchachas que llevan estampado el logo de la marca en ropa entalladísima. Declinó cuando supo cuánto cobraban y qué servicios adicionales podía adquirir por una ligera cuota adicional.
A fin de cuentas, mediante el chantaje y la extorsión, logró convencer a una amiga, así haya sido a regañadientes, de que lo acompañara a la cena con el Candidato, y la forma en que consiguió su objetivo no le pareció del todo desentonada para el Evento.
—Entonces a tal hora y en tal lugar.
Llegada la hora, el señor se sintió generosamente confundido cuando, al llegar al lugar del Evento del Partido, no encontró luces apagadas. ¿Lo habrán vacilado?, ¿se habría equivocado de lugar?, ¿o de día? Sus incertidumbres se desvanecieron cuando vio llegar, a cuentagotas, a algunos Miembros reconocidos del Partido, y se tranquilizó. La que no llegaba, era su acompañante. ¿Se habrá arrepentido de último minuto? ¿Por qué las luces siguen apagadas? Escuchando a los que iban arribando al lugar, el señor pudo enterarse de que la Cena se llevaría a cabo en el salón no grande del Recinto, sin duda en un noble gesto de inmarcesible austeridad por parte del Partido, para así destinar la diferencia del estipendio al creciente y cada vez más notorio progreso del Municipio, que es uno de los más impolutos e imperecederos objetivos del Partido.
El señor finalmente vio llegar a su acompañante, cuando empezaba a llover, y se introdujeron al recinto. El individuo que lo había invitado los recibió y les asignó mesa, al lado de la Mesa del Candidato, que estaba por hacer su entrada triunfal. Entre tanto, tanto la acompañante como el señor hicieron

DOS MINUTOS DE VIDA POLÍTICA

ella por su lado y el señor por el suyo propio.
El señor se acercó a la Mesa del Candidato, donde estaban ya instalados sus asesores, a tres de los cuales conocía. Uno de ellos era el-poeta-que-pone-cara-de-Borges (mueca que sugiere tristeza, ceja izquierda levantada, mirada perdida), quien apenas vio que el señor se acercaba, se ajustó el sacó e hizo el ademán de ponerse de pie, pero resulta que el señor iba a saludar al Asesor de Imagen y Encuestas. Luego sí pasó con el-poeta-que-pone-cara-de-Borges, cómo estás, qué gusto verte, qué bueno que nos acompañes, y después con el Profesor de Derecho, quien a lo largo de un semestre hace un par de años le empapuzó al señor toda la Constitución.
Cumplido el protocolo, una voz amplificada dominó el recinto para anunciar la llegada del Candidato del Partido,

[Aplauso.]

acompañado de su suplente, “compañera incansable en la lucha de esta candidatura”, señora cuyo nombre no se habría permitido desaprovechar el señor, si trabajara para la oposición. El Candidato estrechó las diestras de algunos de los asistentes, entre ellas la del señor, para envidia de los más férreos Militantes, tomó el micrófono y se presentó:
—Es para mí un verdadero Honor el poder compartir esta noche y esta cena con todos ustedes, porque yo soy, como ustedes, un Ciudadano emanado del Pueblo, un Ciudadano que a base de Esfuerzo, y teniendo como única herencia de mi padre un ejemplo limpio de Trabajo Honesto, ha logrado escalar en las ásperas montañas de la vida y hacerse de una reputación; un Ciudadano que ahora se presenta aquí, no como Candidato, sino como Amigo, un Amigo que escucha y que se compromete con las más sentidas necesidades ciudadanas que claman por soluciones efectivas y duraderas en pos del Bienestar que todos ansiamos y que...

[Aplauso chirle.]

Tras la exultante presentación de sí mismo, el Candidato del Partido procedió a explicar los puntos más sobresalientes de su Campaña, haciendo especial énfasis en las preocupaciones y enriquecimientos concernientes al “arte, la cultura, la literatura y el periodismo”. Este último aspecto desconcertó al señor, pues no vio a su alrededor a ningún representante de la prensa, y bien los hubiera reconocido no sólo por las cámaras y grabadoras, sino porque la mitad de ellos fueron compañeros suyos en la universidad.
Mientras servían la lasagna de espinacas, el Candidato habló de seguridad, del sector productivo, de la modernización, de la visión metropolitana... de que “este proyecto está padrísmo” refiriéndose a la rehabilitación de espacios públicos poniendo a ochenta mujeres a bailar zumba, de que tal o cual acción llevada a cabo en Puebla o Querétaro “la vamos a copiar aquí a nuestro Municipio” (¡No, Candidato!: A implementar, que es muy distinto), y de que “la cultura no es nomás eso de la lectura” sino también el bonito baile folclórico, que los viejos le cuenten sus historias de vida a la infancia y la juventud y cuanta cosa. Sobra decir que en este punto el señor casi se atraganta con un bocado, sobre todo porque creyó que el Candidato del Partido iba a disertar sobre Caravaggio, Mahler y Makarova.
Antes de que el candidato terminara de sepultarse solito, un orador tomó la palabra para explicar a la concurrencia que “Nuestros Candidatos saben cuáles son las Necesidades de la Población” mientras que “la oposición sólo implementa acciones que promueven la inequidad”, cosa ésta que el Partido nunca se ha permitido desde el glorioso día de su bienhadada Fundación.

[Aplauso dadivoso.]

Cuando hubieron servido el pollo, los convidados externaron, previa invitación de la voz amplificada, sus opiniones e inquietudes en materia de cultura. Y ahí sí al Candidato le fue como en feria: Que no hay espacios, que nos cancelan el recital porque quesque vamos a maltratar el teatro, que no hay sonido ni templete, que tal y tal se fusilaron mi idea que era genial, que a mí ni me pelan, que tramitar los permisos es muy engorroso, que los indígenas también contamos, que no hay público, que no se hace difusión, que quieren que uno lo haga todo de a gratis, que el artista no traga maná...

[Aplauso enardecido.]

Quizá para calmar los ánimos o distraer la atención, algunas señoritas de vestidos ajustados, a quienes los Militantes del Partido no dejaban de echar el Ojo, comenzaron a recorrer el recinto mostrando sus voluptuosidades, unas más naturales que otras. El señor se convenció en ese momento de que había visto a alguna de ellas en el estadio de futbol, enfundada en un entallado traje amarillo estampado con el logotipo de alguna cerveza.
Al borde del knock out, el Candidato pidió que sonara la campana y a su defensa salieron los Miembros del Partido, ¡faltaba más!, mientras se servía el arroz con leche: Pero hay que resaltar que el Candidato se ha desempeñado con honradez y categoría, lo que queremos son sus propuestas, que para hacer mole de conejo primero hay que tener el conejo, que esa idea está más quemada que los pies de Cuauhtémoc, que le agradecemos como Militantes del Partido la atención que pone a las inquietudes de la Población y que se haya lanzado en esta Candidatura, que estamos seguros de que el día tal usted amanecerá como Presidente Municipal Electo, que nosotros estamos con el Partido, y que después de todo los invitamos a incorporarse a la Campaña para bien del Partido y de la Ciudadanía, a la cual nos debemos y entregamos con entusiasmo y disposición.

[Aplauso bonachón.]

En tanto, el señor se preguntaba: “¿Y dónde se consiguen esas muchachonas que están dispuestas a cualquier cosa con tal de estar presentes en los Eventos del Partido, aunque tengan que ir acompañadas de un artista o un intelectual que les va a estar hablando todo el tiempo de Salvador Elizondo o Elena Garro, o de Shostakovich, o de Resnais, o de Paolo Ucello?”
Dos intervenciones finales, bastante intrascendentes por lo demás, y la voz amplificada asistió la atención brindada y el tiempo cedido para compartir con nuestro Candidato esta cena y esta noche, que sin duda será de provecho para...

[Aplauso bofo.]

Mientras se calmaban los ánimos, al señor le pasaron una tarjeta del Candidato como recuerdo de la cena. En ella, el señor descubrió la siguiente leyenda: “Cena con Artistas e Intelectuales”. Algunas cosas comenzaron a aclararse, pero otras se hicieron repentinamente sospechosas, epifanía tras la cual el señor y su acompañante se pusieron de pie dispuestos a emprender la urgente retirada, no sin antes hacer

DOS MINUTOS MÁS DE VIDA POLÍTICA

durante los cuales cada quien se despidió de sus conocidos e intercambió saludos, abrazos, apretujones de mano, palmadas y, en algunos casos, incluso opiniones.
—Lo que hace falta son estrategias, no ideas.
O bien:
—Estamos en la mejor disposición de escuchar lo que nos puedan sugerir.
O también:
—Pero la solución al problema debe ser integral, no parcial, y abarcar también los ámbitos educativo, social y económico.
E incluso:
—Qué gusto verte por aquí.
—Lo mismo digo.
—Nos quedamos con las ganas de escucharte hablar.
—Es que yo soy apolítico. Tú también, ¿verdad?
El señor contestó con diplomacia y huyó junto con su acompañante, mientras el Candidato se perdía entre la asfixiante minimultitud que comenzó a rodearlo, quizá con intenciones de devorarlo. La lluvia seguía golpeando el techo del recinto, al filo de la media noche, mientras las proyecciones y las mantas sugerían (u ordenaban, quién sabe):

Vota por
Subterfugio Mendieta Charrasquín
Candidato del Partido
Suplente: La "Borolas"

—Pero, ¿de qué partido?
—Pues del Único Partido... que es muy distinto de Partido Único, no te vayas a confundir.
—Ah...
Nomás faltó la tambora.

4 incrédulos descreen:

Char dijo...

Con tambora o sin tambora, tener cuatro minutos de vida política, concienzudamente divididos en dos, no es cualquier cosa.

Evidentemente sus habilidades diplomáticas no son pocas.

Julio Romano O. dijo...

Con todo, esos cuatro minutos creo que furon los más insoportables de la velada, y mira que... bueno, antes mis habilidades diplomático-políticas eran nulas y sigo creyendo que no ha cambiado mucho la cosa.

Char dijo...

Romano ¿no me digas que vamos a tener que utilizar el letrero de "sarcasmo"?

Julio Romano O. dijo...

Aaaahhh... Oh... Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh... Es que no usaste la inflección de voz adecuada, Charlotte... o_O Jaja...