Sucede que el señor ya se había hecho a la idea, muy en contra de su voluntad. Preparó, nuevamente, una mudanza (Cherap!) que no termina de cuajar, dejó todos los asuntos que tenía pendientes en Estridentópolis (o casi) y se instaló en Tuzópolis a firmar los papeles que le hacía falta. Hasta trabó relaciones cordiales con sus compañeros de trabajo.
El señor ya se había quejado alguna vez de que había hecho dos maestrías para hacer el mismo trabajo que desempeñaba apenas terminada la licenciatura, lo cual el señor ve francamente como un retroceso. Pero eso, pensó, es mejor que estarse rascando la panza... De modo que para terminar de convencerse, se inventó un mantra: “No es un trabajo, es una beca para terminar la tesis. No es un trabajo, es una beca para terminar la tesis. No es un trabajo, es una beca para terminar la tesis. No es un tra...” 浲
Los mantras, como el perspicaz lector se pudo haber dado cuenta, consiste en la repetición ad infinitum (es decir, ad nauseam) de una idea, a fin de que ésta pierda sentido y haga que el que la emite entre en un estado de trance tal que para sacarlo de éste se requiera poner a una morenaza a bailar al ritmo del Bolero de Ravel mientras se quita la ropa. En tal estado de digamos trance ayudaría al señor a perder conciencia acerca de sus tareas de oficina, a realizarlas mecánicamente, y a aprovechar el tiempo que le quedara para sus objetivos personales.
Pero hete aquí con que: allá en las rémoras del tiempo quedó inscrito que el señor en su primer trabajo se vio obligado a cubrir así de a okis las tareas de un reportero que de buenas a primeras decidió renunciar, en lo que encontraban reemplazo. ¿Cuánto tiempo lo estuvieron buscando? Misterio. Quedó inscrito también que en el segundo trabajo del señor hubo cambios gerenciales que derivaron en una corredera salvaje de personal, y el señor, junto con otra editora, tuvo que echarse al hombro, también de a okis, las tareas de los editores a los que, como diría el desaparecido señor Paco Stanley, les dieron aire.
Ahora en la oficina del señor acaba de renunciar una reportera, y “hay que echarle galleta para que no se caiga la oficina”. Pero parece ser que eso significa echarle al señor las responsabilidades de la reportera ida, por supuesto que de a okis, en vez de repartir entre todos los miembros de la oficina dichas tareas. En conclusión: al señor le viene mal el déficit de personal. El señor también concluye que una maldición pesa sobre él. O, digamos, un mantra fáctico.
Friedrich Nietzsche decía que el tiempo es circular y que la vida es un incesante suceder de ciclos, es decir, repeticiones, es decir, de acontecimientos idénticos. Ixión, Prometeo y Sísifo no lo dejarán mentir. Milan Kundera encontró la manera tan compleja como lírica de llevar esa idea a la praxis literaria, no sólo en La insópor, sino en varias de sus obras, para mayor gloria de Nietzsche, en lo cual el señor encuentra la escabrosa idea de las persecuciones ineludibles. En la infame pero célebre película Matrix un déjà vu es una falla en el sistema o de no sé qué. Jacques Lacan decía que la repetición es la pulsión de la muerte (entre paréntesis, también decía que la verdadera relación sexual se da a través de la palabra, el diálogo, el intercambio verbal, y que el coito no pasa de ser una masturbación mutua, pensamiento éste que el señor considera un poema de primer orden).
El señor, por su parte, piensa que la repetición es la pulsión de la pendejada, y cree no estar del todo errado. Después de todo, el mecanicismo es la apoteosis de la repetición, y la repetición es una suerte de antítesis de la originalidad y de la creatividad. No deja de ser una falla, una maldición, una condena, un mantra.
El señor analiza, a la luz de estas elucidaciones, su situación. “Hesto lo he visto hantes”, reflexiona. “Hergo, halgo no handa bien.” Debe haber una forma de romper el mantra, la rueda de Ixión, de detener la visita del buitre o la piedra de Sísifo. But how...?
4 incrédulos descreen:
Me temo señor que ya muchos antes que nosotros dieron con el hecho de que el tiempo no pasa, sólo da vueltas.
Para estos casos el recomiendo ampliamente "Little miss sunshine", si ya la ha visto, sabrá por qué, si no la ha visto, véala y me cuenta.
Si no da resultado, vuelva a consultarme y le cambiamos la receta.
Sí, vi la película... bueno, en realidad fui a verla, pero a los 20 minutos me quedé dormido; cuando desperté, iba poco después de la mitad y tuve la sensación de no haberme perdido de mucho... Pero no hilo el punto que usted dice que me abrirá los ojos...
Ergo, solicito nueva receta, jaja...
Lamento que se haya quedado dormido a media película, con lo bien que usted me caía...
Lea esto http://lascronicas-char.blogspot.com/2010/08/mantra.html
ahí encontrará por qué le digo lo que le digo.
Hm... Iré a espiar, ya que me incita.
Por lo demás, no se crea... "La señoritica Resplandor" no es la única película en la que me ha vencido el sueño; también están la de... ésa de... por ejemplo aquélla en que... bueno, está una en donde... Ah... pero hay otras... hay otras.
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