Fotos: Karime Gutiérrez
III
El des-concierto
Desconcertado hasta el extremo de lo absurdo, la Gutiérrez y el señor recorrieron entre revendedores y señoras emperifolladas también hasta el extremo de lo absurdo los alrededores del Auditorio, sin atinar a adivinar qué es lo que estaba sucediendo. “¿Canceló Kevin Johansen? ¿Nos equivocamos de día? ¿Ricky Martin y Kevin Johansen son en realidad la misma persona?” Aprovecharon no obstante el momento de asombro para sacarse fotos en frente del adefesio de escultura que da la bienvenida al recinto y para enumerar a los artistas que se han presentado en el Auditorio y tiene su estrellita, que iban desde Riccardo Mutti hasta Paulina Rubio, pasando por Taraf de Haïdouks y Alejandro Fernández, me hace el favor.
La angustia sin embargo se desvaneció cuando doblaron la esquina este (o norte, o sur, u oeste...) del lugar y dieron con un letrerote, cucho pero enorme, que decía “Lunario”... y entonces lo comprendieron todo: Kevin Johansen tocaría en el garaje del Auditorio Nacional, mientras la alcurnia disfrutaba de la presentación de Ricky Martin. La fila para el argentino, más de una hora antes del numerito, ya estaba bastante nutrida, pero la Gutiérrez y el señor tenían influencias poderosas.
Los viajeros entonces entraron al lobby de la cochera y un señor de traje y con micrófonos por todos lados les preguntó:
―¿Qué se les ofrece?
Y entonces la Gutiérrez pronunció las palabras mágicas:
―Somos prensa.
El guardián de la seguridad entonces se disculpó y les indicó, con un ademán consistente en alargar el brazo, el camino para la entrada... en donde los esperaba ni más ni menos que Gonzalo Godínez.
―La Gutiérrez de El Minutero ―dijo la Gutiérrez.
―Ah, sí cómo no, ¿me permite su credencial?
La Gutiérrez se la permitió.
―Ah, perfecto, perfecto... y tú eres el fotógrafo, ¿cierto? ―le preguntó al señor.
―Sí ―atinó a decir.
―Muy bien, muy bien, qué bueno que llegaron... Aquí están sus pases, en un momento más será el ingreso.
Incrédulos, la Gutiérrez y el señor recorrieron el recibidor. Al cabo de los dos minutos que eso les llevó, diéronse cuenta de que la fila había empezado a entrar e intentaron colarse. Los detuvieron. “Somos prensa.” “Pasen ustedes, por favor.” En ese momento el señor se dio cuenta de que a veces decir “Somos prensa” equivale a decir “Ha llegado el señor ministro”, pero a veces decir “Somos prensa” equivale a decir “Tengo lepra”. La actual circunstancia correspondía al primer caso.
Total que entraron, entre los primeros. Enfrente de ellos, una señorita preguntó:
―¿Cuál es la zona VIP?
―¿Cuál es el área asignada para prensa?
El elemento consultó y, acto seguido, volvió a retirar el mismo cordón que antes había retirado para permitir a la señorita antes mencionada, que no estaba de ningún mal ver, dicho sea de paso.
Entonces fue posible ver, conforme le gente se aglomeraba... los 500 que asistieron al concierto... el escenario, decorado con cempasúchiles, papel picado, calaveritas de azúcar, micrófonos e instrumentos musicales. La inminencia de todo aquello...
Para sorpresa del señor, entre el público comenzaron a filtrarse unas personas de librea, con charola y carta tipo menú para ofrecer a los asistente algún tipo de bebida embriagante para disfrutar del show con la menor inhibición posible. La sala siguió llenándose hasta que dieron las nueve, las nueve, la hora marcada, y entonces... entre la penumbra del escenario... se vislumbró la silueta de... sí es... no es... ya se fue... ya se va... sí era... no era...
Y las luces se hicieron y los asistentes, algunos ya ebrios, echáronse a corear “Generation Logo”, que parecía ser la única parte de la canción que se sabían. El señor se la sabía toda y se puso a cantar, y también la que seguía y la que seguía y la que seguía. Después de Logo, Kevin Johansen se dio cuenta de que no era Pavarotti:
―Si me pueden subir el micrófono, plis, porque no me oigo, se oye más la banda...
Luego de que le subieran el sonido, En mi cabeza y El palomo empezaron a hacer a bailar, aunque aún con cierta timidez, a los concertantes, y mientras la Gutiérrez se iba a sacarle fotos al Johansen desde los más pintorescos ángulos, el señor se quedó a escudriñar los alrededores.
Luego de una generosa introducción al concierto, el Kevin tomó el micrófono, no para cantar, sino para hacer los honores de costumbre a la ciudad que recibe al cantante, sobre todo en un día que para los mexicanos es tan significativo y todo eso. ¡Ya canta! Luego fueron Atahualpa, you funky! y Fantasmas de carnaval, en el mismo tono que las anteriores, y luego de tanta movedera al Johansen le pareció que ya era tiempo de relax. Y entonces, aprovechando que se había callado, le empezaron a pedir las canciones:
―¡Desde que te perdí!
―¡Cumbiera intelectual!
―¡No me abandones!
―¡A mí tampoco! ―gritó el señor, para risa de las chavas de enfrente.
―¡¿Cómo está eso de que te vas durante las rolas que son para bailar?! ―reclamóle el señor.
―Es que fui a sacarle fotitos...
―Ah, bueno. A ver, préstame tu cámara.
La Gutiérrez le prestó su cámara al señor, quien empezó a disparar el flash mientras todo el Lunario entraba en hipnótico trance... y justo cuando estaba buscando el ángulo de los percusionistas... La Gutiérrez lo sacude:
― ¡A él, a él!
El señor volteó y disparó como veinte veces porque el Johansen se había puesto el banjo en la cara, y ése era un momento Kodak.
Pero para momentos Kodak, aquél en que al cantante se le ocurrió decir:
―Ha llegado el momento de ponernos un poquitín serios... a continuación se viene una canción de protesta social, y me gustaría que reflexionáramos un momento sobre la vida...
Acto seguido el cantante se perdió de la vista de todos y, cuando volvió a ser visible, llevaba colgada una guitarra rosa de Hello Kitty...
“S.OS. tan fashion, / siempre en el modo, / no te querés perder nada / y te perdiste de todo... S.O.S. tan fashion / siempre en buena compañía, / ni te diste cuenta / que te perdiste la mía...”
Pero el momento de mayor ridiculez de todo el concierto llegó cuando Kevin Johansen quiso engañar al público: hizo introducir al escenario a una marioneta de veinte centímetros y les dijo a todos que era Natalia Lafourcade. La marioneta en cuestión, que no cantaba tan mal para ser marioneta, cantó junto con el argentino una de las canciones más solicitadas de la noche...
La marioneta, que no se sabía la letra, volteaba a ver a cada rato su hojita y recibió aplausos tibios (a menos de parte del señor), y en seguida se echó otro dúo con el Kevin.
―Ésta es una canción maravillosa de Agustín Lara, que Natalia (es decir, la marioneta) me invitó a grabar con ella en su próximo disco, y se llama Fugitiva.
Honestamente, el señor nunca había escuchado mejor interpretación de alguna canción de Agustín Lara. Parte de la culpa, claro, es de Agustín Lara, que hizo unas canciones francamente ininterpretables.
La marioneta salió del escenario como tirada de los hilos que la hacían cobrar vida y ahora sí el Johansen le ofreció a su público dos de las canciones más pedidas: Daisy (al señor le intrigó francamente la euforia que despertó esa canción) y Cumbiera intelectual, con lo cual las chavas de enfrente comenzaron a bailar y brincotear, para regocijo del señor y sermón de la Gutiérrez, que mejor se volvió a sacar fotos.
―¡Gracias, querido público, ha sido una noche maravillosa! ―clamó el cantante a eso de las diez.
―¡¿Qué; cómo?! ―exclamó el señor, y a su lado los indignados de Washington (¿o Nueva York?) se hubieran visto más bien bastante insípidos (de por sí, se ven bastante insípidos).
Ante las protestas del público, disfrazadas de aplausos y gritos de “¡Otra!”, The Nada regresó, los músicos tomaron posiciones y ¡bolas! con Sur o no sur, ¡bolas! con Oops, ¡bolas! con La hamaca y ¡bolas! con el esperadísimo regreso al escenario de ¡la marioneta! para hacer los coros de Everything is. Johansen alentó al público para que subiera al escenario, pero los de seguridad dijeron que no, que cómo, que qué orgía iba a ser todo esto, pero Kevin les dijo:
Y subieron dos muchachas de hasta enfrente... perras. Pero bueno, no estuvo mal, después de todo, verlas contonearse... piensa el señor.
El señor ya había perdido la noción no sólo del tiempo sino de muchas otras cosas, cuando Kevin salió del escenario, ahora sí, ya nos vamos, y al poco que regresa y que se monta en su macho y que se pone a cantar, Down with my baby como para calmar los ánimos. Luego, ya cuando el larverío se hubo asosegado, ofreció versiones divertidas pero (por decir lo menos) ridículas para dos charangos de Hotel Patagonia (que no era sino la carnavalito version de Hotel California) y Take on me. Risas. Desconcierto. Sacón de onda. ¿Y a éste qué le pasa en la cabeza?
―Todos tómense de los hombros con el de al lado...
“Podría ser él / o aquellos dos. / Incomprendidos / somos todos. / Podrías ser vos, / podría ser yo. / Incomprendidos / somos todos.” Lo cual derivó en un cancán que cesó con Guacamole...
―¡Para los que se quedaron enganchados desde The Nada! ―como el señor.
Y luego, en el ínterin instrumental, salta Kevin del escenario y da una vuelta entera al Lunario. ¡Los fanáticos desquiciados los siguen, forman una fila, bailan la conga, gritan, cantan, celebran, se desmayan, vuelta al escenario y...! Ash con los de seguridad... Total que otros cinco se treparon hasta el fin de la rola.
―Ahora sí ya nos vamos ―dijo Kevin―, pero antes, les queremos ofrecer la última de la noche, que es el temas más reciente nuestro.
“Ya se terminó, / ya se va la gente...” Lágrimas y risas y lágrimas y risas y lágrimas... Y con ese nuevo conmovedor tema, para cuya interpretación desfilaron ante el micrófono todos los integrantes de The Nada (¡aplausos para el Zurdo Roizner!), las luces se fueron apagando, el escenario vaciábase, el silencio lo dominaba todo.
Pero...
“Si la vida es una orgía lenta / lo mejor debe estar por llegar...”
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